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Ernesto Mc Causland Sojo, un gigante del periodismo en Colombia

noviembre 25, 2012 Deja un comentario

SIN TINTA

La madrugada del miércoles 21 de noviembre,  una triste noticia despertó a los colombianos. El hombre que durante gran parte de su vida se dedicó a contar historias en todos los medios de comunicación perdió la dura batalla que libraba contra un cáncer de páncreas, que padeció desde la segunda década de vida.

Ernesto Mc Causland Sojo narró en todas las formas las historias del Caribe, enamorado de esta región del país que lo vio nacer y cuyo nombre dejó en alto.

Ernesto Mc Causland - Fotos El Heraldo

Ernesto Mc Causland – Fotos El Heraldo

La notica de la muerte de Mc Causland tomó por sorpresa a todos los que admiran su trabajo y ven en su obra el ejemplo digno a seguir, ese periodismo que siempre busca ir más allá del lead. Como él mismo lo dijo más de una vez: “Dame un buen lead y moveré el mundo”.

A los 51 carnavales dejó de existir. Ernesto pudo moverse como pez en el agua en la radio, la prensa, la televisión y el cine, además de realizar excelentes documentales.

Con el fallecimiento de este gran hombre del periodismo, muchos conocidos y grandes personalidades del  país hicieron sentir su pesar por la partida del contador de historias.

“La única muerte verdadera es el olvido ¿Quién va a olvidar a Tico Mc Causland?”, dijo el maestro Juan Gossain, quien también resaltó la labor de este gran contador de historias.

SIN TINTA les deja apartes de la última entrevista de Ernesto Mc Causland Sojo, concedida a Gustavo Gómez y algunas imágenes del periodista tomadas de diferentes medios de comunicación y de la página web del desaparecido periodista.

Paz en la tumba del gigante escritor, que habló para el Caribe, con una voz Caribe.

“Me inventé esta mentira para decir verdades”

Hay muchas maneras de conocer a Ernesto McCausland. La más sencilla: viajando a Barranquilla a cumplirle una cita al director de EL HERALDO. Saldrá a recibirlo un tipo enorme que le estrechará la mano con genuina intensidad. También puede uno sentarse a pescar crónicas suyas en los archivos de los más importantes medios de comunicación y leer a McCausland, que es uno de esos placeres económicos que aún reserva la vida para cualquier colombiano.

"EL Tico Mc Causland" - Fotos El Heraldo

“EL Tico Mc Causland” – Fotos El Heraldo

… ¿De cuáles McCausland me dice que es usted?

Paradójicamente somos un apellido que suena muy europeo. Pero aquí en Colombia dirías que somos los McCausland de la Costa. Y, en la Costa dirías que somos de los de Barranquilla. En realidad estamos sembrados en las orillas del Magdalena, a fuerza de las jornadas del abuelo Alejandro, navegante y galán consumado.

Recibió el premio a nombre del periodismo del Caribe. Aceptado. Pero usted es un periodista que desde el Caribe se ‘comió’ al interior. ¿A qué sabemos los cachacos?

¡Saben tanto que saben demasiado! En realidad, de lo que me vanaglorio es de cuántos buenos amigos tengo en Bogotá. Y si algo he disfrutado, es hacer crónicas en Bogotá.

Todo periodista costeño que ronde los cincuenta soñó alguna vez con ser una especie de nuevo Gabo. ¿Se le pasó por la cabeza o por el corazón?

Gabo es el padre y el abuelo de toda una generación. Eso no tiene nada de raro ni de particular. Lo tonto es el empeño, el complejo urbano, con el que muchos pretenden ‘matarlo’, en el sentido freudiano.

Lo digo porque si yo hubiera sido costeño, hubiera soñado más bien con ser Gossaín…

Entiendo que en el interior se les parezcan y los asocien. Pero en el microcosmos Caribe son dos juglares tan geniales como diferentes: el uno guajiro, el otro sabanero.

¿Nos tiramos los cachacos el realismo mágico del Caribe con tanto bombo y tanta alharaca?

Lo bueno del realismo mágico es que mientras más se pretenda desvirtuarlo, más se fortifica. Es parte de su paradoja, de su fortaleza.

… ¿La novela, tarde o temprano, termina siendo el refugio del periodista o hay manera de esquivarla?

Alguien dijo que todo periodista lleva adentro una novela y es ahí donde debe permanecer. Creo que a nadie le viene mal una novela, así sea por una suerte de aeróbico.

Nunca he visto que la entierren, ¿pero será verdad que se murió ‘la chiva’?

Claro que no ha muerto. Todos quieren la suya.

… En metros o en centímetros, ¿cuál es la distancia que debe mantener el periodista con el poder?

Debe estar a centímetros del poderoso y a kilómetros de las ambiciones de este.

Además de en las redacciones, ¿hay algún otro lugar confiable para estudiar periodismo?

 ¡La vía pública!

¿Por qué cree que habríamos entendido mejor el berenjenal que es este país si los periodistas lo hubiéramos abordado más en son de crónica que de reportaje o noticia?

Porque seríamos más integrales, más sinceros, en el relato.

¿El cronista que abusa del melodrama tiene futuro como cineasta?

Amo tanto mi nueva película, el documental Eterno nómada, que me convencí de que el melodrama no es aquí una debilidad, sino una fortaleza.

… ¿Por qué cada vez caben menos las crónicas en los medios, si ahora son virtuales, y en Internet cabe hasta una colección de catedrales medievales?

La crónica es sumamente generosa en cuanto a su maleabilidad. Es material apto para adaptarse y transformarse. Estamos en mora de generar una crónica muy concisa, y a la vez muy potente, para los nuevos retos. ¿O qué tal una crónica de 140 caracteres para Twitter? Son los pelaos los llamados a esta tarea. Eso sí, leyendo previamente a los maestros del oficio, desde la misma poesía griega.

Listo. Ármese ya una crónica de su vida en menos de 140 caracteres. Adelante…

“Me inventé esta mentira para decir verdades”.

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El Reto de Explorarnos

noviembre 16, 2012 6 comentarios

Juliana De Ávila

SIN TINTA

Estoy frente al espejo de mi baño. Aún adormitada, comienzo a quitar lentamente mi pijama. Estoy completamente desnuda. Intento abrir los ojos y deshacerme un poco de la pereza, esos restos de telarañas que quedan después de ocho horas de sueño ininterrumpido. Frente a mí, mi reflejo. “Soy demasiado linda” digo mientras sonrío, ahora sí estoy despierta. Miro fijamente mis senos por un par de segundos. “Simétricamente correctos, proporcionalmente satisfactorios” digo mientras asiento con la cabeza, como quien chequea una lista. Ahora ubico las manos detrás de mi cabeza y mientras hago un ligero movimiento hacia el frente sigo observándolos, repito el movimiento con las manos en la cintura. “Se mueven con gracia y precisión”, registro en mi libro de observaciones matutinas.

Sigo contemplando mi reflejo y mis senos, no me había dado cuenta lo provocativos que son. Ahora puedo entender por qué Andrés no puede dejar de tocarlos y acariciarlos cuando tenemos sexo, pensé que era un fetiche personal. Lo entiendo, si fuera él haría lo mismo. Dejo de pensar en él y vuelvo a mis senos. Levanto mi brazo izquierdo, poniendo mi mano detrás de mi cabeza. Con mi mano derecha comienzo a tocarlo lentamente. Voy de afuera hacia adentro. Cierro los ojos mientras llego a mi pezón. Él se endurece, mientras yo lo toco lentamente. Lo suelto y regreso a la base. Así repito la sensación, el tacto y los movimientos con mi otro seno. Sería injusto si solo uno recibiera la exploración. “Perfecto” me digo en voz baja. Entro a la ducha.

Ya limpia, en mi cuarto y aún desnuda, me acuesto boca arriba sobre mi cama. Me acomodo y sigo mirando, ahora desde otra perspectiva, mis senos. “Hermoso” repito mientras ubico mi brazo izquierdo debajo de mi cabeza. Mi mano derecha entra en acción. La deslizo suavemente por la base de mi seno y con movimientos circulares voy llegando al centro. Cierro los ojos. Siento cada paso de mi mano, siento la suavidad de mi piel, mi pezón asustado, endurecido por el frío y el momento. Abro los ojos y sonrío. Ahora mi seno derecho. Como le digo a Andrés cuando se aferra a uno solo, “mi otra parte también quiere ser consentida, y es celosa” pienso mientras lanzo una carcajada. Está bien. Alzo mi brazo derecho y mi mano izquierda comienza a explorar. De repente, algo me detiene. Aún no he avanzado lo suficiente y siento en el espacio entre mi seno y mi axila algo extraño. Es una pequeña masa circular, dura, horrible. No estaba ahí la última vez. No continúo. Me levanto rápidamente. Me visto y salgo de mi habitación.

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Prima Nudista – Julio López Morata

Voy a la cocina y me sirvo un vaso gigante de agua. Lo tomo lentamente. Al tiempo mis ojos se llenan de lágrimas, se enrojecen. Rompo a llorar. Toda mi vida he temido por encontrar algo extraño en mi cuerpo. Un bulto en el seno mató a mi madre, a un par de tías y a una prima. Cáncer. Continúo llorando por un par de minutos. La cabeza agachada y el vaso aún en mi mano. “No, seguro es otra cosa” me digo intentando controlar mi llanto. Seco mis lágrimas y me dirijo al estudio. Enciendo el computador. Espero dos minutos que se sienten eternos. Ya está. Abro el explorador, y tecleo en google “bulto entre el seno y la axila”, las cinco primeras recomendaciones me producen un llanto ansioso y difícil de frenar.

“Bulto en el pecho cerca de la axila…cáncer de mama?”  Es la primera recomendación arrojada por el buscador. Ingreso a la página. Es un foro de preguntas y respuestas, una niña de 18 años, solo cuatro años menor que yo, cuenta como percibió en su pecho un pequeño bulto y pregunta qué debe hacer. Las respuestas no son alentadoras  “Puede ser cáncer de mama” y “Quizá necesites una operación y  tratamiento” eran las respuestas que una y otra vez se repetían en este espacio. Cierro la ventana.  La segunda recomendación es más fría, seca y directa “Diez síntomas de cáncer de mama”, el primero es el bulto que puede o no ser doloroso. Luego se despliegan nueves más que incluyen cambios en la forma y tamaño de los senos, cambio en la piel, secreción, sangrado vaginal y dolor en el acto sexual.  Comienzo a tranquilizarme, solo reconozco uno de los síntomas mencionados. Me quedo pensativa. Qué posibilidades hay de que una mujer de 22 años, sufra de esa enfermedad. No es acaso una enfermedad que se produce en mujeres de mayor edad, es acaso posible, me cuestiono.

Después de unos minutos, sé lo que debo hacer. Debo saber cuál es mi nivel de riesgo. Vuelvo a google. Tecleo “Factores de riesgo de cáncer de mama”. Abro la primera recomendación y leo lentamente cada uno de los factores mientras chequeo cuáles me aplican. Ser mujer me pone en riesgo. Heredar la enfermedad uno de los padres, es totalmente posible. Mis antecedentes familiares me ponen más cerca de la línea roja. Menstruación temprana, sí. Toda que haya iniciado antes de los 12 años es considerada “temprana”. La mía llegó a los nueve, junto con mis senos, “malditos senos” digo entre sollozos. Tan solo 15 minutos transcurrieron entre las búsquedas, la primera me dio ánimos. Esta me ha dejado destrozada. Soy una mujer en riesgo, incluso si lo que hay en mi seno, no es un cáncer. He comenzado a llorar nuevamente. Apago el computador de un tirón y me encierro en el baño durante un par de minutos.

Entro a mi cuarto. Me recuesto en mi cama, esa en la que descubrí mi fatídico final. Pienso en cómo dar la noticia. La cara de mis tíos, mi padre, mis hermanas, mi novio. Pensar en no poder ver más la cara de mis sobrinas, la fiesta de quince años prometida. Me perderé de todo. De las sonrisas, los cumpleaños, los carnavales y la fiesta de fin de año. Seré dentro de poco, una cifra. Una estadística. Dentro de poco, los reportes  tendrán una milésima más en sus cifras, seré uno de esos 5.526 casos anuales de cáncer de mama y posiblemente, en algún momento, que espero no sea prolongado, seré uno de los 2.253 fallecidos al año por esta enfermedad. Espero que no sea tan doloroso.

 Son las 10 de la mañana. Tomo el teléfono y aparto una cita con mi médico. Si daré la noticia, debo hacerlo de forma oficial y con muestras. No dejo de pensar en la cara de Andrés, sé que dirá que me apoyará, pero sé que al tiempo querrá irse, con una con senos normales y ya no le importará o no verá lo provocativo en los míos. Listo. Logré tomar cita prioritaria, es en dos horas. Sin ganas, me cambio y me aplico algo de maquillaje. Decido no peinarme. Ato con una banda mi cabello, tomo mis llaves y salgo de la casa. Doy unas vueltas en el centro comercial antes de la hora de mi cita. Intento dejar de pensar, por lo menos por un par de minutos, es imposible. Ya son las 11:30, mi cita es en 15 minutos.

Delante de mi doctora, rompo a llorar. Le cuento paso a paso mi mañana, lo que sentí en mi seno, lo que busqué en internet y lo que no dejé de pensar. Ella me mira preocupada. Sin rodeos comienza a hacerme preguntas. Hablamos de mis antecedentes, de mi vida sexual y mis cuidados físicos, de repente, interrumpiendo mi historia familiar, pregunta “¿Cuándo fue tu última menstruación?” me dice mientras me mira con curiosidad. “Me vino ayer” le respondo. Ella sonríe. Yo no entiendo. Sin decir más pide que me acueste en la camilla. Me explora. Pregunta insistente si así es como lo hago cada mañana. Asiento con la cabeza. Es justo así como lo hago. Me pide que me vista y se sienta nuevamente frente a mí.

“Lo que tienes es una hinchazón normal” dice sonriendo, “te felicito por hacerte el autoexamen, muchas no saben cómo” continúa. Yo aún no entiendo. Hago un gesto de duda, tuerzo mis labios, alzo mis hombros. Ella responde “Cuando tienes la menstruación, tus senos sufren leves transformaciones. Por eso, no se hace el autoexamen durante el periodo menstrual”  dice con una sonrisa en los labios. Yo, me siento tonta. Agacho la cabeza y sonrío levemente. “Eso no te lo dijo google o sí” remata.

Pescador de Sueños

noviembre 11, 2012 2 comentarios

Redacción

SIN TINTA

“La ciudad es más que lo que nos venden, más allá de las murallas, fuertes, plazas y parques,  Cartagena  encierra los rostros de personas que se convierten en parte del paisaje que se vende en el exterior y que la convierte en una ciudad de ensueño. Dentro y fuera del Centro Histórico, la imagen de estas personas se plasma en nuestra mente, por eso queremos conocer la historia que hay detrás de su rostro”

Fermín Gómez Acevedo

54 años

Pescador.

La   silueta de un hombre de tez bronceada y cabello gris llega a las playas de la Tenaza, sobre la Avenida Santander a las 4 de la mañana. Su nombre es Fermín Gómez Acevedo, y llega a dedicarse a la pesca, oficio que con el paso de los años se convirtió en su mayor pasión.

Lo primero que hace, es compartir junto a los otros pescadores las historias de la ciudad, tomar un café y preparar sus herramientas para embarcarse en su viaje diario hacia las profundidades del Mar Caribe.

La vida de Fermín parece estar realizada,  sabe que si atrapa cien pescados, de ellos sale la comida de su familia, porque cuando llega a su casa en Fredonia, sector del barrio Olaya Herrera, “donde el agua llega con sed”, lo esperan sus dos hijos menores y sus siete nietos, con una sonrisa que lo alimenta para seguir adelante.

Cuando tiene listo su nylon y su anzuelo número 11 y una caba llena de carnada, para engañar a su presa, Fermín se  persigna, para que Dios sea su compañero de lancha, se deja llevar por la brisa y se adentra en la inmensidad de su maestro: el  mar.
Sí, el mar ha sido su única escuela y aunque en principio no era lo que quería para su vida, su padre le enseñó y transmitió el gusto por él. Desde los 12 años, sus días transcurren entre la pesca y el comercio de especies marinas.

Hoy, Fermín parece golpeado por los años, su piel  muestra las primeras arrugas y el cansancio de la extenuante rutina se hace evidente en su caminar, pero con el tiempo le ha tocado aprender a amar la pesca y ejercer este oficio bíblico, lo alimenta cada día más y le enseña a conocer todas sus particularidades. Para él, la pesca más que una forma de trabajo, es una actividad que alimenta sus sueños y los de su familia.

René Plátano

noviembre 11, 2012 1 comentario

Emperatriz Alquerque

SIN TINTA

René plátano nació en Cartagena hace 45 años, vive en el barrio Olaya Herrera y lleva 19 años de su vida dedicado a la venta de plátanos. Vive hace 35 años con Teresa, quien le ha dado 5 hijos: Etelvina, de 24 años, Rigoberto, de 22, Roquelina, de 18, Andrea, de 17 y Carlos de 14. Ellos se han convertido en la razón para que José, a pesar de lo duro que es trabajar en la calle, salga e inicie todos los días la aventura.

A las 4 de la mañana, luego de bañarse y tomar el café con su mujer, José toma un bus que lo conduce  al Mercado de Bazurto, donde compra los plátanos, siempre tratando de  conseguir el mejor precio por unidad, sin dejar de lado el tamaño del plátano;  porque este termina siendo un factor determinante en la venta  y el éxito de esta. Luego de comprar los plátanos, a eso de las 7.00, José se dirige a la calle El Paraíso, en busca de su carreta para salir  a vender, ubicándose a lo largo de la antigua avenida Cordialidad, donde circulan  sus clientes fijos (caseros) y ocasionales (transeúntes)

La modernidad que Transcaribe promete para nativos y extranjeros va en sentido contrario a los ingresos de José, pues sus ingresos han disminuido desde que empezaron los arreglos en la vía, hace 18 meses, no puede llevar los mismos $45.000 que llevaba antes a su hogar al final del día.

José espera y se pregunta  si cuando terminen los arreglos en las vías regresará la rentabilidad de su negocio, porque según él, “el espacio público sigue siendo público tanto para transitar como para vender. Los que se quejan ni siquiera son los mismos transeúntes que nos compran los productos que vendemos, sino el gobierno que no deja trabajar y hablan en nombre del espacio público cuando nosotros, que somos un grupo grande de trabajadores informales, también somos público y más grande que el público privado que defienden cuando inician grandes obras de construcción”.

Rostros: El Caminante de la Ciudad Amurallada

noviembre 3, 2012 2 comentarios

 

Lía Miranda

SIN TINTA

No es preciso decirte de dónde vengo, simplemente la vida lo quiso así”  con esta frase inicia la canción el Caminante de Joe Arroyo y  al parecer es también el pensamiento que ocupa los días de Gerardo Collazos, un vendedor de chitos que suele recorrer con frecuencia las calles del Centro Histórico de la ciudad.

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Gerardo Collazos, Junio 2012

Cuando quise preguntarle sobre su vida antes de dedicarse a la venta de  pasabocas o aperitivos, él claramente responde que su vida empieza precisamente  así, con la venta ambulante en la cual lleva más de 20 años.

Don Gerardo tiene 45 años de edad, pero su contextura delgada, su andar pausado y su rostro desencajado lo hacen parecer aun mayor; una vez entras a dialogar con él y observas su forma de expresarse, de dirigirse a sus clientes notas que en don Gerardo aflora una extraña juventud y digo extraña porque una vez se marcha, la persona con quien conversa, vuelve a su estado inicial: mirar cansado y cabeza inclinada.

El Caminante vive en el barrio Boston en una pequeña casa que pudo obtener gracias a un subsidio de vivienda que consiguió en un  Banco, incluyendo unos ahorros  que tenía de su antiguo empleo.

Don Gerardo dice conocer el Centro Histórico como si fuera su propia casa y asegura que le gusta vender mejor por las calles o arriba de las murallas, ya que suelen ser sitios seguros y acogedores para la gente y además le gusta mucho.

Si bien las cosas en la vida de Gerardo han sido  difíciles, este luchador se pone en pie y camina. Camina cada rinconcito de la ciudad amurallada, esa que muchas veces lo ignora y margina. Esa que no se da cuenta aún que quizás con 500 pesos que cuesta el paquete de chitos colabora para que el Caminante lleve de comer a su casa. Él  es un rostro de tenacidad y esperanza.

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Noviembre en Cartagena es de Fiestas y Reinas

Antonio Canchila

SIN TINTA 

Noviembre en Cartagenalleno de fiestas y reinas

La celebración principal es la conmemoración de un año más de la lucha independentista, gesta que convirtió a la ciudad en La Heroica.

Cartagena de Indias es un escenario festivo por naturaleza. Su belleza arquitectónica y la magia que encierra el Corralito de Piedra hacen que siempre una fiesta, un desfile de modas o un congreso se lleve a cabo en sus múltiples escenarios.

Lo que más llama la atención por esta época es el Concurso Nacional de la Belleza que se celebra en la Heroica, sin embargo, los cartageneros raizales tienen claro que lo mejor de este mes son las celebraciones populares que se realizan en el marco de las Fiestas de la Independencia, una verdadera muestra de la cultura local.

Los eventos se iniciaron desde mediados de septiembre con los Preludios en las tres localidades de la ciudad y este 1 de noviembre, “se prendió la fiesta en mi Cartagena”.

La primera celebración es la fiesta de  “Ángeles Somos”,  una práctica heredada de los españoles en la que se acude a estribillos para pedir alimento en las calles de la ciudad y en grupos de amigos hacer un plato típico, que en la costa se conoce como sancocho.

Aunque amenazaba con desaparecer esta practica festiva se ha revitalizado gracias a la labor del Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena (IPCC), que este año, en asocio al Concurso Nacional de la Belleza (CNB), realizó una celebración de conmemoración de esta fiesta en la que, por primera vez, se unieron las representantes de los barrios que aspiran al titulo de Señorita de la Independencia y las candidatas a Señorita Colombia.

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“La idea es propiciar la integración, la fiesta debe ser una sola fiesta, no dos fiestas por separado. Lo mismo me parece que debe ocurrir con el bando, debe ser uno solo con las candidatas de ambos certámenes”, dijo Raimundo Angulo Pizarro, presidente del Concurso Nacional de la Belleza.

Para Raimundo, la desintegración de las fiestas se ha dado más por parte del Distrito que “por el elitismo de su organización (CNB)” como se comenta en algunas ocasiones.

Reinas de La Independencia

En el reinado de la Independencia se dan cita las representantes de diferentes barrios de Cartagena, que luego de varios meses de preparación se muestran al público en los preludios.

Las concursantes presentan ante el IPCC un proyecto que beneficie a la comunidad de la que es representante y con el que trabajan a lo largo del certamen.

Más que la belleza, las principales cualidades de la mujer que quiera ser elegida Señorita de la Independencia, necesita destacarse en su forma de tratar a la gente, su amabilidad y sobre todo, debe mostrar la esencia y el sabor de la mujer cartagenera.

Reinas Nacionales

Las aspirantes al titulo de Señorita Colombia inician su agenda un poco más tarde. Las candidatas llegan a la Heroica a bordo del vuelo real, quince días antes de la Noche de Elección y Coronación, desfile principal de este certamen.

Una vez llegan a Cartagena, las mujeres que representan la belleza nacional deben desarrollar una estricta agenda compuesta por visitas a fundaciones, donaciones, desfiles en diferentes escenarios, participación de las Fiestas de Independencia y demás actividades dirigidas por al Organización Concurso Nacional de la Belleza.

Las beldades nacionales disfrutan de principio a fin su estadía en la ciudad y aprenden a conocer más de cerca los contrastes de Cartagena, su belleza histórica y turística y la extrema pobreza en la que se vive en algunos barrios.

La Reina Nacional de la Belleza representa a Colombia en los diferentes certámenes de talla internacional que se realizan a lo largo del año y su función es mostrar con orgullo que en este país nacen las mujeres más bellas.

La Media Luna: la nueva zona rosa de la Heroica

octubre 31, 2012 1 comentario

Lía Miranda

SIN TINTA

Lis llegó a su casa. Saludó efusivamente a su mamá. Ella notó de inmediato que su hija había conseguido el trabajo. Lis, con aparente tranquilidad, le dijo: mami trabajaré en la Media Luna. Su mamá la miró  fijamente y pronunció un rotundo  No.

Si pudiera revivir la Cartagena del siglo  XIX para poder entender las dinámicas sociales que se tejían no solo en el barrio de Getsemaní sino también en una de sus calles principales, la Media Luna, probablemente estaría segura de que lo que ocurre hoy en día con ella es lo más conveniente para nativos y visitantes.

Si llegas a Getsemaní a eso de las seis o siete de la noche, y la ruta por donde accedes es la calle de la Media Luna, podrás notar que alrededor de ti se abre un lugar con aire  bohemio y  libertino donde te ofrecen tantas opciones como situaciones posibles, la Media Luna te da paso a una dimensión desconocida que poco a poco te logra concentrar y atraer por sus múltiples atractivos visuales, sonoros y aquellos que guardan la esencia de su historia, algo así como su atractivo natural.

La Media Luna era en años anteriores la ruta de acceso al comercio  y al mercado principal de Getsemaní con la llegada de los árabes o “turcos”, quienes iniciaron en la zona las primeras y grandes empresas de Calzado y Telas de la ciudad, para que luego comerciantes y nativos  instalaran todo tipo de ventas informales y abrieran pequeños bares para deleitar a visitantes marinos y comerciantes, cuya estadía en Cartagena era regular o de forma permanente.  Es así como la calle empieza una especie de época comercial y estratégica.

Años más tarde, la Media Luna cae en un detrimento social y económico pues una vez se instalan otro tipo de negocios informarles popularmente conocidos como residencias o cantinas, la calle es invadida por un gran número de meretrices que noche tras noche ofrecían sus servicios a residentes y  extranjeros. La venta informal de drogas creció implacable y los bandidos estaban a la orden del día para amedrentar y robar a los residentes del barrio Getsemaní.

La Media Luna se populariza entonces como la calle de los negocios sucios y la de los bares de mala muerte. Si alguna señorita decente se atreviera a pasar por allí de noche, el pleito que se le formaba en su casa era aterrador.

“Si  yo quería ir al centro y tenía que pasar por la Media Luna prefería tomar la Calle Larga y seguir derecho por el Muelle de los Pegazos, antes la media Luna  era tan peligrosa que tu sabias que no ibas a encontrarte nada bueno”manifiesta Kelly habitante del barrio Getsemaní.

Hoy todo puede parecer bueno, el ambiente no se torna tenso pues la calle es hoy  un sitio de espacios alternativos que te invitan a disfrutar de la rumba o la noche en Cartagena.

Como me dijo mi abuela “ya ni se ven las putas”  Ellas han tenido también que migrar. Los pocos bares de “mala muerte” que aún se conservan tienen por decirlo así su grupo permanente de mujeres.

Fotografía: HAVANA Por: Carlos Hernández

La Media Luna cuenta con lugares totalmente renovados, inversión extranjera que decidió apostarle o invertir en una calle principal y que aporta mucho a la imagen de Getsemaní. Es la entrada de  todo tipo de personas, en especial turistas, que buscan el paquete completo: hostal, rumba y diversión a un precio accesible.

No podría decir que tampoco hayan desaparecido los jíbaros o aquellos que le apuestan al negocio de la droga, pero esta vez debido a la transformación del sitio, para “bien”, y suelen vender con cautela.

Los primeros días de trabajo fue como estar en un sitio diferente a la ciudad, en la noche la calle de la Media Luna está repleta de turistas y en las afueras de los bares o de los hostales puedes ver que el jíbaro que se acerca y les ofrece drogas o servicios de putas y así   afirma Liz  después de una semana de estar trabando como mesera.

Las noches en la media Luna invitan a un encuentro cultural con fiestas organizadas por los propios hostales y bares al estilo de New York o Miami que atraen a muchos jóvenes cartageneros y turistas, que desean conocer personas raizales.

Todos los miércoles el hostal más popular de la Calle que también se llama así media luna realiza una fiesta para integrar a sus huéspedes todos hombres y mujeres del extranjero para que bailen y gocen de la rumba, contratan una agrupación musical de aquí y muchas niñas de Getsemaní y de otros barrios vienen y rumbean acá. La entrada es gratis y se pasa bueno”  señala Perla  una joven de 21 años que vive en Torices.

El sector estratégico y comercial  de antaño hoy se vuelve zona rosa de la heroica y  esta vez conecta con el centro amurallado no para la entrega de telas o pedidos de calzado sino para inversión extranjera, nuevas culturas y complacencia de sus habitantes.

Ese día Lis  terminó explicándole a su mamá que ella trabajaría en un bar-restaurante de italianos residentes en Cartagena y que sería  mesera  y que la Media Luna que referenciaba en su memoria estaba desapareciendo de a poco. Ella estaría bien y segura en ese sector.

 

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