Archivo

Archive for 31 octubre 2012

La Media Luna: la nueva zona rosa de la Heroica

octubre 31, 2012 1 comentario

Lía Miranda

SIN TINTA

Lis llegó a su casa. Saludó efusivamente a su mamá. Ella notó de inmediato que su hija había conseguido el trabajo. Lis, con aparente tranquilidad, le dijo: mami trabajaré en la Media Luna. Su mamá la miró  fijamente y pronunció un rotundo  No.

Si pudiera revivir la Cartagena del siglo  XIX para poder entender las dinámicas sociales que se tejían no solo en el barrio de Getsemaní sino también en una de sus calles principales, la Media Luna, probablemente estaría segura de que lo que ocurre hoy en día con ella es lo más conveniente para nativos y visitantes.

Si llegas a Getsemaní a eso de las seis o siete de la noche, y la ruta por donde accedes es la calle de la Media Luna, podrás notar que alrededor de ti se abre un lugar con aire  bohemio y  libertino donde te ofrecen tantas opciones como situaciones posibles, la Media Luna te da paso a una dimensión desconocida que poco a poco te logra concentrar y atraer por sus múltiples atractivos visuales, sonoros y aquellos que guardan la esencia de su historia, algo así como su atractivo natural.

La Media Luna era en años anteriores la ruta de acceso al comercio  y al mercado principal de Getsemaní con la llegada de los árabes o “turcos”, quienes iniciaron en la zona las primeras y grandes empresas de Calzado y Telas de la ciudad, para que luego comerciantes y nativos  instalaran todo tipo de ventas informales y abrieran pequeños bares para deleitar a visitantes marinos y comerciantes, cuya estadía en Cartagena era regular o de forma permanente.  Es así como la calle empieza una especie de época comercial y estratégica.

Años más tarde, la Media Luna cae en un detrimento social y económico pues una vez se instalan otro tipo de negocios informarles popularmente conocidos como residencias o cantinas, la calle es invadida por un gran número de meretrices que noche tras noche ofrecían sus servicios a residentes y  extranjeros. La venta informal de drogas creció implacable y los bandidos estaban a la orden del día para amedrentar y robar a los residentes del barrio Getsemaní.

La Media Luna se populariza entonces como la calle de los negocios sucios y la de los bares de mala muerte. Si alguna señorita decente se atreviera a pasar por allí de noche, el pleito que se le formaba en su casa era aterrador.

“Si  yo quería ir al centro y tenía que pasar por la Media Luna prefería tomar la Calle Larga y seguir derecho por el Muelle de los Pegazos, antes la media Luna  era tan peligrosa que tu sabias que no ibas a encontrarte nada bueno”manifiesta Kelly habitante del barrio Getsemaní.

Hoy todo puede parecer bueno, el ambiente no se torna tenso pues la calle es hoy  un sitio de espacios alternativos que te invitan a disfrutar de la rumba o la noche en Cartagena.

Como me dijo mi abuela “ya ni se ven las putas”  Ellas han tenido también que migrar. Los pocos bares de “mala muerte” que aún se conservan tienen por decirlo así su grupo permanente de mujeres.

Fotografía: HAVANA Por: Carlos Hernández

La Media Luna cuenta con lugares totalmente renovados, inversión extranjera que decidió apostarle o invertir en una calle principal y que aporta mucho a la imagen de Getsemaní. Es la entrada de  todo tipo de personas, en especial turistas, que buscan el paquete completo: hostal, rumba y diversión a un precio accesible.

No podría decir que tampoco hayan desaparecido los jíbaros o aquellos que le apuestan al negocio de la droga, pero esta vez debido a la transformación del sitio, para “bien”, y suelen vender con cautela.

Los primeros días de trabajo fue como estar en un sitio diferente a la ciudad, en la noche la calle de la Media Luna está repleta de turistas y en las afueras de los bares o de los hostales puedes ver que el jíbaro que se acerca y les ofrece drogas o servicios de putas y así   afirma Liz  después de una semana de estar trabando como mesera.

Las noches en la media Luna invitan a un encuentro cultural con fiestas organizadas por los propios hostales y bares al estilo de New York o Miami que atraen a muchos jóvenes cartageneros y turistas, que desean conocer personas raizales.

Todos los miércoles el hostal más popular de la Calle que también se llama así media luna realiza una fiesta para integrar a sus huéspedes todos hombres y mujeres del extranjero para que bailen y gocen de la rumba, contratan una agrupación musical de aquí y muchas niñas de Getsemaní y de otros barrios vienen y rumbean acá. La entrada es gratis y se pasa bueno”  señala Perla  una joven de 21 años que vive en Torices.

El sector estratégico y comercial  de antaño hoy se vuelve zona rosa de la heroica y  esta vez conecta con el centro amurallado no para la entrega de telas o pedidos de calzado sino para inversión extranjera, nuevas culturas y complacencia de sus habitantes.

Ese día Lis  terminó explicándole a su mamá que ella trabajaría en un bar-restaurante de italianos residentes en Cartagena y que sería  mesera  y que la Media Luna que referenciaba en su memoria estaba desapareciendo de a poco. Ella estaría bien y segura en ese sector.

 

Anuncios
Categorías:Cultura, panorama, Todos

El Fracaso de los Correos

octubre 20, 2012 2 comentarios

Editorial

SIN TINTA

 Un día de estos tendremos que enterrar a los servidores de correo electrónico. Quizá sea por que ya no dan abasto porque por lo general los tiempos cambian y las necesidades también. Dicho esto, se puede imaginar el desarrollo  de un día en el mundo sin ningún servidor de correo en la web. Sería absurdo pensar que todos los seres humanos tendrán dispositivos móviles con conexión a internet donde estos mismos manejasen redes sociales y las usen con fines meramente institucionales.

El caos se ve venir. Hace pocos se dio la novedad de que Hotmail (el servidor con más cuentas actualmente) iba  a desaparecer y tenía que clonar sus cuentas a un reformado Outlook.  A partir de allí sus usuarios tendrían la opción de seguir con la antigua interfaz o probar el nuevo correo realizado con fines más comerciales y competitivos respecto al segundo proveedor de correos del mundo: el magnate Gmail.

Quizá el peligro esté surgiendo por el auge inmediato de las ya conocidas redes sociales y sus facilidades de acceso, todas las aplicaciones que contienen y demás. Pero esto no quiere decir que los correos electrónicos estén destinados al fracaso. El ejemplo más claro ha sido la sentencia de los medios impresos desde la llegada de la internet. Es evidente la reducción de la prensa escrita, pero todavía vemos medios de esta categoría que han incursionado en  la era digital, y que  más que reducir su producción se han transformado para poder llegar de cualquier forma a sus lectores. En ese caso, no es preocupante que las redes sociales tengan tanto apogeo, lo importante es que los medios o cualquier servicio web existente responda a las necesidades inmediatas de los usuarios.

Categorías:Editorial, Ivan Acosta, Todos

Los empleados sin Seguridad Social en Cartagena

Por Hilenis Salinas

Redacción Sin Tinta

 

En abril de este año, el Departamento Nacional de Estadísticas, DANE, emitió el primer informe trimestral de coyuntura laboral de 2012. Cartagena y Barranquilla, se situaron como las dos ciudades donde menos creció el desempleo, con un 10,4% y un 7,5% de crecimiento, respectivamente. La Alcaldía de Cartagena y los medios de la ciudad calificaron dichos resultados como un signo de estabilidad en el mercado laboral en Cartagena.

 

Desde esta orilla

Mientras las autoridades distritales festejaban, Luis Morales, un señor de 60 años, caminaba por las calles de San Fernando, arrastrando una nevera portátil en la que guardaba el producto que estaba vendiendo: “boonice, pa ti pa mí”, anunciaba poco emocionado mientras pensaba si las ventas del día le alcanzarían para darle al distribuidor el pago por el paquete del día siguiente. Para él, ese mes había sido más inestable económicamente que cualquier otro.

Don Luis lleva diez años recorriendo los barrios de Cartagena, desde que no pudo conseguir trabajo como jefe de obra por su edad “avanzada”. Desde entonces se levanta a las siete de la mañana, sale de su casa en el barrio El Pozón y se va a la distribuidora que queda en San Pedro, con su uniforme multicolor debajo del brazo y un gorrito que lo ayudará a protegerse  mientras el sol esté en lo alto. En promedio, don Luis gana unos 10000 pesos diarios, pero los 300.000 pesos mensuales que le deja su trabajo apenas le alcanza para pagar los servicios de su casa, que – por fortuna- es propia.

 

Trabajar no es mi derecho, es una necesidad

Jaime González, un hombre ciego de 38 años, camina pasivo sobre el andén de una calle, cada dos minutos lanza un grito ahogado que les recuerda a los habitantes del sector, que sigue caminando por ahí. Sobre su cabeza, un mazo de bollos, amarrados por una cuerda. Cuando un vecino lo llama para comprarle un bollo, se detiene en el acto y espera a que quien lo llamó se acerque.

En su racimo de bollos, Jaime lleva de todos los tipos, de coco, de plátano, de yuca y hasta el sencillo bollo limpio. Dependiendo del sabor que le pidan, suelta el nudo y, descifrando un sistema braile que solo él comprende, le entrega al cliente el bollo deseado. Todas las tardes,  a la misma hora, Jaime pasa por la calle Kalamary del barrio San Fernando, es la primera calle que aborda después de ir a buscar los bollos en casa de su hermana Martha, quien vive en la Ciudadela.

Ella hace el trabajo de preparar la masa para cada bollo, los deja armados en la noche y en la mañana los pone a cocinar para que a eso de las dos, cuando Jaime llegue a buscarlos, ya los pueda cargar sin molestias.

– Además del paquete que lleva sobre la cabeza, Jaime lleva un balde con tres paquetes más, con los mismos nuditos y el mismo tamaño, que diferencia el sabor de cada bollo, en los cuatro años que llevamos haciendo y vendiendo  bollos, muy pocas veces se ha equivocado- comenta emocionada Martha, quien, sin embargo, solo le entrega a su hermano el  15 por ciento de cada bollo vendido.

Cada bollo tiene el precio de mil pesos, lo que quiere decir que si Jaime solo vende tres bollos en la tarde –cosa que nunca ha sucedido- solo tendrá derecho a quinientos pesos, quinientos pesos que le alcanzarían para comprar una bolsa de agua que lo refresque después de una caminata de 3 horas. Pero negocios son negocios, dice su hermana, y cuando empezaron a vender los bollos él aceptó esa condición.

De manera que al final del mes, si se mantiene en sus ventas diarias de 50 bollos, Jaime habrá vendido cerca de 1500, que le generarán a su hermana un millón quinientos mil pesos ($1’500.000) y de los que ella le entrega –diferido en cada día- 250 mil. 250 mil pesos por cuatro horas diarias de trabajo, sin descanso en los días festivos, ni pago por horas extras.

 

Pequeños empresarios

A diferencia de Jaime y de don Luis, Emanuel Ricaurte, quien también concurre la calle Calamary para vender sus productos, no tiene que rendirle cuentas a nadie más que a él mismo. Un día, mientras escuchaba las quejas de su mujer desde la terraza, porque hacía más de un mes que no conseguía trabajo, salió para donde un vecino y le pidió prestados 30 mil pesos. Con eso compró diez sandías, un costal de mangos de azúcar, una docena de cocos y unos nuevos neumáticos para la carreta que tenía archivada en el patio de la casa.

Al día siguiente salió temprano con los productos y regresó con los 30 mil que le prestó al vecino, más 20 mil que dividió entre la comida de la casa y nuevos productos para rearmar la carreta.

Hoy, cinco años después, Emanuel carga su carreta de yuca, ñame, sandías, cocos, mangos, guayaba, bananos y todos los productos que le alcance para comprar en el mercado de Bazurto, y no regresa a la casa con los mismos 50 mil pesos del primer día, sino con 70 o 90 mil que administra juicioso para mantener el equilibrio entre los gastos del hogar y la inversión del negocio.

 

La informalidad como cortina de humo

Ni Emanuel, Jaime ni Luis figuran en la lista de desempleados de Cartagena. Hacen parte sí, de los trabajadores que no deben pagar gastos de seguro médico, pensiones ni cesantías, esos a los que se les llama trabajadores informales y que, según asegura Dewin Pérez, profesor de Economía de la Universidad de Cartagena, son los que dan la impresión de que Cartagena tiene una estabilidad laboral que en realidad no tiene.

– Lo que pasa con la informalidad, comenta Dewin, es que crea una especulación sobre el empleo en la ciudad. Y entonces, las cifras de quienes viven del ‘rebusque’ y no tienen estabilidad ni seguridad laboral, son tomadas como cifras positivas cuando en realidad son consecuencias negativas de la falta de oportunidades en el espacio laboral de la ciudad.

De manera que, continúa Dewin, ocurre que se constituye Cartagena como una ciudad estable y con buenos índices de empleo, solo en cifras, porque en la vida real, en cada calle de la ciudad, siguen habiendo docenas de empleados informales, que hacen del rebusque su principal herramienta para superar la ausencia de bacantes en las empresas productoras de empleo de Cartagena, y en las que no siempre tendrán cabida personas con diferencias físicas, como Jaime o don Luis, que por muchos 60 años que haya cumplido ya, sigue teniendo la necesidad de trabajar para poder suplir todas sus necesidades.

Categorías:Todos

Lumbalú

octubre 10, 2012 2 comentarios

En Sin Tinta Web hay espacio para los productos audiovisuales.
Hoy “Lumbalú”, un documental realizado por estudiantes de Comunicación Social de la Universidad De Cartagena.
Creditos: Ana Fortich De arco, René Julio Sumosa, Sara Cabarcas Henao, Angie Giraldo Rivas.

Categorías:Todos