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A Luna le duele la vulva (Parte I)

Hilenis Salinas

SIN TINTA

Según la Asociación Nacional de Vulvodinia, NVA, una de cada cuatro mujeres en el mundo sufre de dolor crónico en la zona vulvar. Una mujer puede tardar años en ser diagnosticada con esta enfermedad.

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La Vulvodinia

 

El 31 de diciembre de 2009 Luna Romero fingió un orgasmo por última vez. Simuló una leve convulsión y gimió exageradamente para quitarse de encima a un amante casual que había encontrado en la fiesta de fin de año de su conjunto residencial. Cuando volvieron a la fiesta, ella se fue directamente a casa y recibió el nuevo año, desnuda sobre su cama, adolorida y cansada.

Llevaba cinco años repitiendo la misma escena y estaba quince veces más cansada que la primera vez. Mientras se aplicaba un ungüento en el clítoris, decidió que le daría una nueva oportunidad a su vagina, pero esta vez no con un amante, sino con un profesional.

A Luna le duele la vulva. Cada vez que algo la toca -dedos, uñas, manos, consoladores, penes- siente un agudo dolor que recorre toda su zona pélvica y se le hace realmente insoportable. Nunca ha tenido un orgasmo y las únicas dos veces en que el sexo no le ha dolido, estaba demasiado borracha como para recordarlo. Luna tiene 39 años, es administradora de empresas, está soltera y no sabía que sufre de Vulvodinia.

Pasaron quince años desde su primera relación sexual para que alguien descubriera la verdadera enfermedad de Luna. El primer ginecólogo al que acudió le dijo que su problema era psicológico, este la remitió a un psiquiatra que le recetó  un tratamiento que no sirvió de nada. Entonces este le dijo que era frígida y que por eso no disfrutaba su sexualidad.

- Después de lo que me dijo el psicólogo, fui adonde una experta en sexualidad femenina, para que me ayudara a cambiar esa condición en mí. Fue ella, que no es ginecóloga ni médico, la que me dijo que yo podía estar sufriendo de Vulvodinia.

Al volver a casa, Luna encendió su computador y digitó en el buscador la palabra que su terapeuta le había mencionado: “¿vuldovinea? ¿vulvo qué?” Había olvidado el nombre de la enfermedad, pero el corrector de Google la ayudó. Encontró cientos de páginas que hablaban de la Vulvodinia, y en ellas palabras que se le hacían extrañas, pero con las que debía empezar a relacionarse: soledad, depresión, tristeza, vergüenza…

Según la Asociación Nacional de Vulvodinia, NVA por sus siglas en inglés, una de cada cuatro mujeres en el mundo sufre de dolor crónico en la vulva. Los síntomas de la enfermedad –irritación, dolor, quemazón, entre otros- son tan comunes que se pueden confundir con cualquier infección o enfermedad leve de la zona vaginal.

El ginecólogo Henry Annan, experto en dolores vulvares, asegura que  el costo más alto de la Vulvodinia es la depresión.

- Las mujeres que sufren de esta enfermedad se sienten mujeres incompletas. No pueden desarrollar su sexualidad libremente ni dar placer a sus parejas. Lo que resulta de eso es una mujer que se siente fracasada en su vida personal.

El caso de Luna es un poco distinto, ella sí ha dado placer a sus parejas, pero con el precio de soportar el dolor  y callarlo.

- El momento de la penetración es terrible, lo ves a él disfrutando de estar dentro de ti mientras que tú sientes una brasa ardiendo dentro de tu vagina. Todo te quema, te duele, te arde. Es una experiencia horrorosa.

Después de saber de lo que sufría, Luna asistió a una clínica especializada en dolores. Supo entonces que conocer el nombre de su enfermedad no era suficiente para acabarla: le dijeron que la Vulvodinia, por lo general, era una enfermedad crónica, lo único que podían hacer era disminuir los síntomas.

La receta que le dieron fue más simple de lo que esperaba: mientras le hacían exámenes para definir los motivos de su enfermedad, Luna debía vivir con dos geles, uno analgésico y otro anestésico, que no le solucionarían el problema, pero sí le quitarían el dolor temporalmente.

- Los geles funcionaron muy bien por unos meses. Empecé una relación estable con un compañero de trabajo y me aplicaba el gel anestésico antes de cada relación, seguía sin tener orgasmos, pero siquiera no dolía.

Hasta una mañana en que Luna no se pudo levantar de la cama por el dolor que sentía y su novio la llevó a la clínica más cercana donde le hicieron una historia médica  por “un extraño dolor pélvico”. Cuando Luna corrigió al médico que la atendía, diciéndole que su enfermedad en realidad se llamaba Vulvodinia, su novio la miró aterrado y le preguntó si en verdad existía algo con ese nombre.

Continuará

  1. Maru Paba
    noviembre 17, 2012 en 6:33 pm | #1

    aunque cabe anotar que a sido interesante el que hayan dado a conocer sobre este tema, sobre esta enfermedad, la verdad no tenía idea de que pudiera existir y que sea un mal que perjudica la sexualidad de nosotras las mujeres… gracias … buen dato!!!

  2. juan alvarado
    noviembre 18, 2012 en 1:47 am | #2

    Muy interesante. creo que la mujeres (jovenes) solo conocen distintos sistemas para evitar un embarazo pero. no las consecuencias o enfermedades que puede traer. pero como decía mi abuela “No te acostaras sin antes algo aprender”

  3. Hilenis
    noviembre 18, 2012 en 4:04 am | #3

    Así es Maru, la Vulvodinia es una enfermedad traumática y camuflable. Y como tú, muchas de nosotras no tenían idea de que existiera. Las soluciones al problema se hallan en la medida de que más personas lo conozcan y contribuyan a que mujeres como Luna no sufran tanto con este padecimiento. Espero la segunda parte, gracias por leernos

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